Los pequeños exploradores continuaban caminando sin rumbo. Aún estaban muy animados a pesar de que su brújula había dejado de funcionar después de que se les cayera sin querer.
Creían recordar la ruta andada y estaban intentando caminar sobre sus pasos. Con el paso de las horas el ánimo iba decayendo, cada vez hablaban menos. Se les veía cansados y desanimados. Cada vez más, todo les parecía igual, o ... era todo distinto ... ya no sabían que pensar. Llegaron a una especie de senda.
- ¿a dónde llevará este camino? - preguntó uno de los jóvenes.
Miraron el viejo mapa, en el que apenas sabían leer nada y todos coincidieron en que aquel camino debía ser el antiguo cordel que venía dibujado en el plano. Los trashumantes lo recorrían con sus ovejas, así que quizá pasar por algún pueblo o cerca de el. Decidieron seguirlo para ver hasta donde les llevaba.






