Durante su cautiverio en las mazmorras del castillo del malvado Hemogenes, la pequeña Hache pasó momentos de muchísimo miedo. Era un lugar lúgubre y sombrío. Durante el día no le llegaba casi luz y por la noche solo tenía una antorcha en el pasillo con la que poder ver y calentarse. Las noches se le hacían larguísimas, echaba mucho de menos a sus padres y a su amigo. Se hacía una bola en aquel viejo camastro y se abrazaba a si misma.
"Si al menos tuviera a Queca" pensaba.
Era su muñeca favorita, por las noches se abrazaba a ella y dormían juntas.
Una noche empezó a oír rugidos, que llegaban a ella a traves de las galerias de las mazmorras. parecía un tigre pero le extrañaba mucho que el malvado Hemogenes no tuviera su castillo custodiado por un dragón. Pasó tanto miedo que desde aquel mismo momento su cabecita solo pensaba en como escapar de allí.
Una mañana sintió una ligera corriente de aire frío.
"Aire fresco y oxigenado" pensó.
Hizo una profunda inspiración de aquella maravillosa corriente de aire puro y pensó.
"Tengo que encontrar esa entrada de aire. Será mi salida"